NOTICIAS Y PRENSA

COMPARTIMOS DESDE AQUÍ LOS ARTÍCULOS DE PRENSA EN LOS QUE APARECEMOS COMO UNA DE LAS COLCHONERíAS MÁS ANTIGUAS Y CON MÁS PRESTIGIO DE MADRID.

http://www.abc.es/espana/madrid/sucesos/abci-colchones-lana-vendieron-todo-madrid-201802040118_noticia.html

    MADRIDLa familia Cuesta sigue al frente del negocio, con cuatro tiendas - BELÉN RODRIGO

    Los colchones de lana que se vendieron por todo Madrid

    Cuesta fue una de las colchonerías de referencia en la capital, famosa por la calidad de la lana. Cien años después, siguen estando al servicio del descanso de los madrileños

    BELÉN RODRIGO
    @brperiodistaMadrid04/02/2018 01:18hActualizado:04/02/2018 01:18h

     

    Hace unas décadas, no muchas, no se elegía entre colchones de muelles, viscoelástica, espuma o látex. La elección pasaba por ser de lana (que variaba según la calidad), de corcho o de borra (trapo triturado). En Madrid fueron apareciendo negocios familiares en los que se encargaban de fabricar los colchones y de varearlos en los domicilios. Uno de ellos fue Colchones Cuesta, en la calle Fuencarral 84. Allí se instaló Antonio Cuesta, natural de Macotera (Salamanca) donde su familia tenía lana, que lavaba en el río Tormes, y cuando llegaba a Madrid se guardaba en la pensión León de Oro, antes de distribuirla entre sus clientes. Y en la tienda se empezó a fabricar los colchones. Antonio y su mujer, Ildefonsa, tuvieron muchos hijos, de los que sobrevivieron 9, y entre ellos un solo chico, Manuel. Antonio falleció joven y madre e hijo sacaron el negocio adelante. Ya por entonces realizaban unos de los mejores colchones de lana de Madrid.

    Manuel Cuesta tuvo dos descendientes, chico y chica, y debido a su delicado estado de salud su hijo Manuel se puso a trabajar con él muy joven. «Dejé los estudios en 4º de Bachiller y comencé a ayudar a mi padre. Con 17-18 años cogí las varas por primera vez y me puse a dar palos a los colchones. No era difícil, pero tenía su truco, dependía si la lana era merina o churra», cuenta Manuel Cuesta a ABC. Recuerda que por entonces había también los colchones de borra, «los más baratos, y teníamos que usar mascarilla porque soltaba mucho polvo». Los de virutas de corcho «se usaban sobre todo para los niños recién nacidos. Yo era alérgico a la lana y dormía en uno de corcho», subraya Cuesta.Manuel Cuesta en la entrada de la tienda de Príncipe de Vergara-BELÉN RODRIGO

    Varear los colchones

     

    Padre e hijo trabajaron mucho juntos. «Entonces sí que se trabajaba duro», afirma. Realizaban el colchón en la tienda y lo llevaban andando a las casas. «Muchos de nuestros clientes estaban en el Viso y cargábamos los 15 kilos del colchón de lana a cuestas, andando, con las varas también encima», recuerda. También se dedicaban a varear los colchones, «siempre que se podía en las terrazas». Había clientes que solicitaban este servicio una vez a año o cuando algún hijo se había hecho pis. Para varear un colchón «lo mejor era hacerlo en la azotea, si había, porque en el patio ser formaba mucho polvo y los vecinos se quejaban», comenta Manuel. Las varas eran de madera de fresno.
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    Fabricar un colchón de lana les llevaba unos tres cuartos de hora, «si era solo meter la lana y poner las cintas». Si llevaba burlete «hacía falta coserlo y se tardaba entre hora y media y dos horas». A Manuel era lo que más le gustaba hacer y su padre, al estar delicado de salud y no poder golpear al colchón, se dedicaba sobre todo a coser los burletes. Iban normalmente acompañados por un empleado y lo más duro del oficio «era el calor que pasábamos en verano en la azotea. Buscábamos siempre un poquito de sombra». Su madre se quedaba mientras en la tienda para ir haciendo almohadas.

    Llegada de los colchones de muelles

     

    Alrededor de los años 50, cuando empezaron a asomar los colchones de muelles, «pensamos que nos iba a arruinar». Manuel Cuesta recuerda cómo se juntaron todos los colchoneros y realizaron propaganda para la radio. «Pero pronto nos dimos cuenta que íbamos contra el progreso». En su casa el primer colchón que entró fue un Flex. «Fuimos los últimos en dejar de fabricar los colchones de lana», comenta. Sobre el cambio, Cuesta asegura que los colchones de ahora «son otro mundo, sobre todo en limpieza, y mucho más cómodos». Siguieron repartiendo los colchones de muelles andando pero pronto llegaron las furgonetas. Y así el negocio familiar fue creciendo, tanto que sus cinco hijos siguieron el camino de sus antecesores. Uno de ellos, Manolo, ya ha fallecido, y los otros cuatro están al frente de una tienda: Príncipe de Vergara 258García de Paredes 32Vallehermoso 42 y Santiago de Compostela 20. La de Fuencarral cerró hace unos años.

    En cada una de estas tiendas trabajan con multimarcas. «Contamos con una clientela de todo tipo porque tenemos una gama de producto muy amplia», explica a ABC María Cuesta, responsable de la tienda de Príncipe de Vergara. Reconoce que elegir un colchón «no es fácil porque el dormir es algo muy personal». Por eso aconsejar es igualmente difícil, dada además la gran combinación de materiales existente. La viscolástica, por ejemplo «es un material termo sensible que elimina los puntos de presión pero necesita otro material que le de soporte, muelle o látex». Según sean los materiales del colchón varía el precio, que en el caso de uno de 90 cms puede costar entre 90 y 500 euros. En colchonerías cuesta aconsejan cambiar los colchones cada 10 años, «algo que se va haciendo cada vez más». También es posible encontrar en la colchonería almohadas, somieres y canapés. Y en esta casa siempre ofrecen toda la información posible tratando de orientar a los clientes para elegir lo mejor que se adapte a sus necesidades. Y así siguen al descanso de los madrileños

     
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